Advertencia: México es peligroso
- curvesandcracks

- hace 2 días
- 3 Min. de lectura
(Sobre todo en lo que respecta a tu ansiedad y prejuicios)
Antes de irme, me informé a fondo. Leí todos los blogs alarmistas, vi todos los vlogs de "Casi muero en México" y, oficialmente, estaba en pánico total.
Cárteles, huracanes, terremotos, diarrea del viajero generalizada, secuestros exprés… Tenía miedo de todo. Incluso del guacamole, nunca se sabe.
Vale, exagero un poco, pero… no mucho. Está claro que mudarse a otro país, uno del que sabes muy poco, conlleva sus preocupaciones.
Y aun así, fui. Porque en el fondo, sospechaba que a los medios y a ciertos "influencers" les encanta el miedo. Es su combustible favorito. El miedo genera clics. El miedo vende. El miedo, sobre todo, hace que la gente olvide que la vida real ocurre en otros lugares que no son los titulares.
La realidad de Google: Peligro por todas partes.
Mi realidad:
* ¿Cárteles? Jamás he visto uno. Ni un sombrero, ni un tatuaje sospechoso. Sin embargo, sé que hay grupos terroristas de la India que extorsionan a canadienses en Canadá con demasiada eficacia.
* ¿Huracanes, terremotos y volcanes? Existen… en otros lugares. En mi estado, Querétaro, el mayor riesgo natural es engordar tres kilos con tortillas frescas cada mañana.
* ¿Ruido? Ah. Los cohetes. Esos petardos con mechas diabólicas que parecen anunciar el fin del mundo a las dos de la mañana. En Tequisquiapan, son bastante discretos. Sin embargo, los perros de ciertos barrios tienen un grupo de WhatsApp. Todas las mañanas, a las 6:32 en punto, celebran una asamblea general para discutir la geopolítica canina.
Pero el verdadero peligro de México reside en otro lugar. Es ir de visita y… olvidarse de irse.
Es la sonrisa sincera de la mamá que te atiende como si fueras su hija favorita.
Es Laura, la pastelera, junto a su hijo Alejandro, quien escribe una frase nueva en su pizarra cada día para regalar una sonrisa.

Es el vecino que te dice "buenos días" tres veces al día, aunque ya te haya visto.
Es Daniel, el camarero de mi cafetería favorita, que siempre recibe con los brazos abiertos a los recién llegados.
Es el barbero con quien intercambias las últimas noticias en una especie de españo-franc-glés chapurreado y con quien poco a poco vas entablando una relación.

Son los niños jugando en la plaza hasta las 10 de la noche, sus risas y gritos de alegría sin molestar a nadie.
Es Tequisquiapan, la ciudad, mi ciudad, que es hermosa... muy hermosa.
Fue Luis, mi vendedor de frutas y verduras, quien me reconoció en mi segunda visita y me ofreció un aguacate diminuto de su propio árbol, que estaba tan tierno que se podía comer la cáscara.
Es el río San Juan el que fluye con indiferencia muy cerca de mi casa.

Es un país que te enseña a respirar más despacio. A vivir con menos estrés. A aceptar que "ahora" no siempre significa ahora, sino... después. Los inmigrantes que siguen estresándose por los horarios son los que terminan arrepintiéndose de haberse mudado. ¿Yo? Ya lo he superado. Incluso he aprendido a amar los baches que te lanzan al espacio si te olvidas de frenar.
En definitiva,
El único peligro en México es enamorarse de él...
Y la inmigrante que triunfa es la que llega con curiosidad en su maleta.
¿Yo? Soy esa inmigrante.
La que cambió sus preocupaciones por carcajadas, fuegos artificiales inesperados y sinceros "bienvenidos".



































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